Durante años, la batalla en inteligencia artificial se libraba en los benchmarks. ¿Quién tenía el modelo más potente? ¿GPT-4o o Claude 3.5? Pero esa era parece estar llegando a su fin. Según ejecutivos y analistas del sector, OpenAI y Anthropic han cambiado el tablero: ahora buscan fidelizar (o atrapar) a sus usuarios con productos difíciles de abandonar, más allá de la simple calidad del modelo.
El negocio de la fidelidad forzada
Samuel Colvin, consejero delegado de la startup de IA Pydantic, lo explica sin rodeos: «Hace un año, lo que les importaba eran los ingresos. Ahora, como se supone que ambas buscan salir a Bolsa, su margen de beneficio se vuelve realmente importante». Competir solo en calidad de modelo es carísimo: los laboratorios gastan miles de millones en entrenar modelos cada vez mejores que pronto son imitados.
La solución, según Colvin, pasa por crear herramientas que enganchen al cliente. Ahí tienen protagonismo los asistentes de programación como Claude Code (de Anthropic) y Codex (de OpenAI). Estos servicios generan mucho más uso (y por tanto ingresos) que una sesión de chat típica y pueden volverse indispensables: colaboran en la creación de bases de código que crecen más rápido de lo que los desarrolladores humanos pueden gestionar por sí solos.
ChatGPT se convierte en un ‘super app’ gracias a Codex
OpenAI está llevando esta estrategia al extremo. La compañía está transformando ChatGPT en un «super app» —un agente de IA personalizado capaz de manejar tareas profesionales y cotidianas. Para ello, ha fusionado los equipos de ChatGPT y Codex bajo el mando de Thibault Sottiaux, el ingeniero belga que construyó Codex y que ahora es el nuevo jefe de productos principales de OpenAI.
Sottiaux estuvo en Google Maps y DeepMind antes de mudarse a San Francisco tras el lanzamiento de ChatGPT en 2022, uniéndose oficialmente a OpenAI en 2024. Supervisa directamente esta integración. «Es increíblemente emocionante y ligeramente aterrador al mismo tiempo», confesó. La compañía ya ha cerrado productos independientes como la aplicación de vídeo Sora y una plataforma de IA para científicos. Varios ejecutivos de esos equipos han salido, mientras la influencia de Sottiaux crece. Reporta directamente a Greg Brockman, quien lidera todos los equipos de producto de OpenAI durante la baja médica de Fidji Simo.
Un asistente proactivo que lo haga todo
OpenAI describe su visión del nuevo ChatGPT como la de un agente personal que entiende lo que importa a los usuarios, capaz de ser proactivo: recordar alergias, hacer reservas, automatizar informes de gastos. Codex será el motor, ejecutando código, llamadas a API o navegación web de forma discreta mientras el usuario interactúa en lenguaje natural.
El desafío no es solo técnico. OpenAI necesita educar a los usuarios sobre cómo usar estas capacidades de agente. Sottiaux apuesta por un enfoque gradual: empezar con tareas simples y que el propio modelo actúe como mentor.
La tensión con los clientes empresariales
Pero no todo es un camino de rosas. Mientras OpenAI y Anthropic buscan ecosistemas pegajosos, grandes clientes como Walmart van en dirección contraria. La cadena minorista ha desarrollado su propio asistente de código, Code Puppy, diseñado para no depender de un solo proveedor de IA. El sistema cambia entre modelos de OpenAI, Anthropic, Google y otros, controlando costes y evitando el bloqueo.
Esa es la tensión que define el mercado ahora: los creadores de IA quieren clientes atrapados; los compradores quieren flexibilidad y facturas más bajas.
Alianzas y próximos pasos
OpenAI ya ha anunciado una asociación ampliada con Visa para pagos agénticos y ha desarrollado servicios que conectan ChatGPT y Codex con Gmail, Slack y calendarios. Aunque no hay una fecha de lanzamiento concreta, Sottiaux asegura que será «pronto» y que muchas funciones ya disponibles en Codex llegarán a ChatGPT de forma iterativa. «OpenAI es conocida por hacer apuestas grandes y audaces antes que otros, y esto es volver a hacerlo», sentenció.









